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Le Bourdelle

PIEDRA Y SILENCIO

Piedra y silencio, luz blanca y limpia a través de los gigantescos ventanales inundando cada sala del museo. Silencio en los patios, en el jardín, alrededor de los cinceles y los restos de marmol. Silencio al pasear por entre los hierros fundidos y los soldados griegos, los centauros y los caballos, las plumas y los rostros de mujer – los torsos – los cuerpos, las serpientes. Todo lo bello y todo lo táctil proyectado y esculpido, suspendido como en un sueño por el que pasear entre habitaciones diáfanas y vigas de madera, arcos altísimos y suelos de piedra blanca y reluciente.

EL SUEÑO DEL ESCULTOR ANTOINE BOURDELLE

El sueño del escultor Antoine Bourdelle ocupa un edificio gigantesco de enormes ventanas y estrechos jardines. Al penetrarlo los pasos repican suavemente contra el suelo y las altísimas esculturas proyectan sombras sobre él que parecen charcos de agua oscura. Los rostros hieráticos de las esculturas hablan de muchas vidas y muchas promesas : guerras y amores, honor, espíritu y cuerpo. La naturaleza se enmaraña con las obras, pino delgado y flor reseca de principios de primavera comparten espacio con la forma erguida del guerrero que protege el patio ; zarzal y virgen, arquero y rosal.

UN CONJUNTO, UN OASIS

El lugar entero funciona como un conjunto, un oasis lleno de paz al margen del ritmo rápido de la ciudad. Las obras de arte, lejos de parecer expuestas, habitan las habitaciones del lugar donde también vivió el hombre que las esculpió. Aún habiendo sido reformado el edificio en 1992 por el arquitecto Christian de Portzamparc, la presencia del Bourdelle aún hoy se siente indudablemente en las habitaciones. Sus objetos de trabajo, sus obras y la manera en que están distribuídos los espacios en su antiguo Atelier y su antiguo hogar revelan el carácter y el alma de un hombre con una sensibilidad especial y única para percibir todo lo bello.

Antoine Bourdelle nació en Montauban, al suroeste de Francia, en 1861, pero pasó la gran parte de su vida en París, donde se formó como escultor junto a artistas como Rodin y Desbois. Bourdelle buscó junto a sus contemporáneos la renovación de un lenguaje escultórico que consideraba anticuado y repetitivo. Sus esculturas traducen al mármol formas limpias de diferentes tamaños, a veces gigantescas, reduciendo los rasgos y detalles a elementos prácticamente abstractos. El conjunto de su obra se ve hilada por una reiterada delicadeza, onírica e idealista que hace resurgir ideas clásicas y figuras simbólicas de los grandes temas : el amor, el dolor, la guerra, el honor, lo mítico y lo hermoso.

El escultor conoció un gran éxito en vida, trabajando bajo encargo de diferentes mecenas, y como decorador de diversos teatros de la capital francesa. Realizó por ejemplo la cantoría del Teatro des Champs-Elysées, los bajorrelieves y esculturas del teatro du Musée Grevin, además de una larga lista de esculturas por encargo : su Pallas de bronce, la Virgen de la Ofrenda, su Juana de Arco.

Fundó además una escuela para jóvenes escultores en el que se formaron conocidos artistas como Alberto Giacometti y Vieira da Silva. La influencia de su arte tuvo una repercusión enorme sobre algunos de los más grandes escultores del siglo XX. Tras su muerte, su impresionante hogar en el céntrico barrio parisino de Montparnasse fue convertido en museo- el actual Musée Bourdelle.

TRAS LOS MUROS

Piedra y silencio, luz pálida ; un camino que transita el patio y un tramo de escaleras que alcanzan el segundo piso, dando paso a una enorme terraza con vistas a la gran ciudad. El museo, a última hora de la tarde de un sábado de finales de invierno, bañado por la luz tenue del atardecer, respira suavemente, delicado. La ciudad al otro lado de sus muros, palpitante y constante, rápida, más ruidosa y más imperfecta que este lugar. Tras los muros, quietud – detención  – la belleza estática del sueño de un hombre congelado en el tiempo.

Artmimo - 21/03/2019